Castillo de cristal
La fortaleza se rompió, al rosar tus manos en mi piel.
Un castillo con guardias, se queda sin vigilancia.
Era de piedra, era de hierro, casi de arenas movedizas y ni un cristal para romper.
Lanzaste mil veces una palabra.
Perseveraste sin sentir el peso.
Cuando nos quisimos acordar, ya estabas adentro.
Destrozaste el hielo, lo calentaste con tu cuerpo.
Me dijiste seremos eternos, y te creí, sin miedo.
¿Dónde quedaron mis defensas?
¿Por qué te deje la ventana abierta?
Olvide quién era, y me sumergí en un cuento sin puntos, ni comas, sólo con críticas en mi contra.
Olvide qué sentir. Algo expandiste en mí.
Siento el virus pasear por mi cuerpo.
El corazón se altera, apenas llegas.
Déjame, te desato.
No puedo seguir tus pasos.
Te pinchaste con esta rosa, y las espinas se convirtieron en pétalos.
Suéltame, yo te suelto.
Nunca quise estar en un lugar, quieta.
Vuelvo a cerrar mi fortaleza, ya no tires lanzas de amor.
No sé si sobreviviré, a eso que buscas, y no puedo dártelo.
El mañana sabrá olvidarme y encontraras otro hogar para habitar.
Este ya esta clausurado para vivir o alquilar. Autora: Maida Filippini